¿Sabían, amigos, por qué, popularmente, se dice «La
situación se ha puesto "color de hormiga"»? ¿Por qué, precisamente,
"color de hormiga"? Es, según tengo entendido, una frase usada, sabe
Dios desde cuándo, especialmente en nuestro país, en México y también en
España. La doctora Martha Hildebrandt, nuestra inolvidable lingüista, tenía
(como se lee en la imagen del pie) una opinión al respecto, de la que -tengo
que decirlo- yo discrepo. Ella creía (y es lo que se puede leer en el pequeño
espacio que tenía en el diario El Comercio) que lo de «color de hormiga» es una
alusión al color negro del insecto, porque -decía-, desde tiempos remotos, este
color ha sido usualmente asociado a desgracias e infortunio.
No es así, realmente. A lo que la frase alude es,
más bien, al rojo, que es, dicho sea de paso, el color con que mayormente es
identificada la hormiga; su color, digamos, representativo (aunque, como
sabemos, también las hay marrones, amarillas y, claro, negras).
¿Y por qué el rojo? Porque es un color que casi
siempre es asociado, simbólicamente, al fuego, a lo que es ardiente. En tal
sentido, la afirmación de que algo está o se ha puesto "color de
hormiga" equivale a decir -como, en efecto, también se dice
coloquialmente- que "la cosa está que arde", "se ha puesto
picante", "está candente" o, en algún modo, es una "papa
caliente". Si se estuviese haciendo referencia a una discusión, lo que se
trataría de decir con esta frase es que los ánimos han llegado a caldearse y
que, por la gravedad de los desacuerdos y la exaltación de los ánimos, existe
el riesgo de que los contendores puedan "irse a las manos" (se
enfrenten físicamente: a trompadas). También, cuando hay un hecho político, por
ejemplo (como estas elecciones, en el Perú), que nos preocupa sobremanera y
quisiéramos que se resuelva favorablemente y en calma y, sin embargo, hay
sospechas de que el desenlace podría ser adverso a nuestras expectativas o,
simplemente, resulta imposible de adivinar. Un estado de extrema excitación,
aquello que, por complicado, está convirtiéndose en impredecible, rojo o
enrojecido: color de hormiga, pues.
Y nada tiene que ver con lo negro, que –en todo
caso–, en el uso, vendría a ser una suerte de metáfora de lo fúnebre, de lo
tenebroso, y no del nivel de tensión o dificultad a que puede arribar una
situación.
¿Ustedes que opinan, amigos queridos?
© Bernardo Rafael Álvarez
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