lunes, 8 de junio de 2026

"COLOR DE HORMIGA"

¿Sabían, amigos, por qué, popularmente, se dice «La situación se ha puesto "color de hormiga"»? ¿Por qué, precisamente, "color de hormiga"? Es, según tengo entendido, una frase usada, sabe Dios desde cuándo, especialmente en nuestro país, en México y también en España. La doctora Martha Hildebrandt, nuestra inolvidable lingüista, tenía (como se lee en la imagen del pie) una opinión al respecto, de la que -tengo que decirlo- yo discrepo. Ella creía (y es lo que se puede leer en el pequeño espacio que tenía en el diario El Comercio) que lo de «color de hormiga» es una alusión al color negro del insecto, porque -decía-, desde tiempos remotos, este color ha sido usualmente asociado a desgracias e infortunio. 

No es así, realmente. A lo que la frase alude es, más bien, al rojo, que es, dicho sea de paso, el color con que mayormente es identificada la hormiga; su color, digamos, representativo (aunque, como sabemos, también las hay marrones, amarillas y, claro, negras). 

¿Y por qué el rojo? Porque es un color que casi siempre es asociado, simbólicamente, al fuego, a lo que es ardiente. En tal sentido, la afirmación de que algo está o se ha puesto "color de hormiga" equivale a decir -como, en efecto, también se dice coloquialmente- que "la cosa está que arde", "se ha puesto picante", "está candente" o, en algún modo, es una "papa caliente". Si se estuviese haciendo referencia a una discusión, lo que se trataría de decir con esta frase es que los ánimos han llegado a caldearse y que, por la gravedad de los desacuerdos y la exaltación de los ánimos, existe el riesgo de que los contendores puedan "irse a las manos" (se enfrenten físicamente: a trompadas). También, cuando hay un hecho político, por ejemplo (como estas elecciones, en el Perú), que nos preocupa sobremanera y quisiéramos que se resuelva favorablemente y en calma y, sin embargo, hay sospechas de que el desenlace podría ser adverso a nuestras expectativas o, simplemente, resulta imposible de adivinar. Un estado de extrema excitación, aquello que, por complicado, está convirtiéndose en impredecible, rojo o enrojecido: color de hormiga, pues. 

Y nada tiene que ver con lo negro, que –en todo caso–, en el uso, vendría a ser una suerte de metáfora de lo fúnebre, de lo tenebroso, y no del nivel de tensión o dificultad a que puede arribar una situación. 

¿Ustedes que opinan, amigos queridos? 

© Bernardo Rafael Álvarez

 


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