lunes, 8 de junio de 2026

"DELANTE MÍO"

Un asunto realmente muy interesante, que bien merece un comentario. Bien.

No solo en el Perú, sino también en otros países se usa esta forma que gramaticalmente es considerada incorrecta; igualmente se dice "detrás mío". Se reemplaza, de este modo, a las expresiones "delante de mí", "detrás de mí". Aparentemente, esto parte de un error de concepto: creer que la expresión "de mí" puede reemplazarse con el pronombre posesivo "mío", porque, equivocadamente, a la preposición "de" se le da la calidad de posesiva ("¿De quién es esto? De mí") cuando, en realidad, tal preposición solo puede usarse, unida al pronombre, si es que su significado es "de procedencia" o, como expresa el DRAE, "denota de dónde es, viene o sale alguien o algo" ("De mí no esperes nada malo.").

A lo dicho debo agregar, recurriendo al Diccionario Panhispánico de Dudas, que, siendo "delante" o "detrás" adverbios, "no se considera correcto su uso con posesivos"; debiendo decirse delante (o detrás) de mí, delante (o detrás) de él, etc. Es que, en verdad, resulta absurdo, descabellado, el empleo del posesivo, ya que el "delante" o el "detrás", por no ser sustantivos, no pueden convertirse en objetos de propiedad o de posesión: "Caballo mío" (caballo que poseo o es de mi propiedad); "delante mío" (¿poseo el "delante" o es de mi propiedad?).

Sin embargo, creo que no debe dejarse de considerar algo que, en verdad, es importante. El uso del que aquí me ocupo ha dejado de ser una simple incidencia particular en la comunicación cotidiana; está, ya, ampliamente generalizado. ¿Qué significa esto? Que, la expresión "Delante mío", prácticamente, se ha convertido en una locución adverbial asentada en el uso, razón por la cual no merece ser considerada una "incorrección" lingüística; por esto, tarde o temprano, la RAE dejará de "desaconsejarla" y, simplemente, comenzará a considerarla como lo que es: una expresión válida y legítima.[1] (Igual suerte, naturalmente, deberán correr las expresiones “Detrás de mí” y “Dentro mío”).

© Bernardo Rafael Álvarez

19 de diciembre del 2011



[1] Nota reciente: «Dije, en “X” (antes "Twitter") que el empleo de las expresiones «delante mío» y “detrás de mí” ya se ha generalizado y, prácticamente, se han convertido en locuciones adverbiales. La RAE (luego de afirmar que “en la lengua culta, se desaconseja la combinación de los adverbios locativos 'delante', 'detrás', 'cerca', 'encima', etc., con posesivos”), me da esta alentadora respuesta: ·No obstante, construcciones como 'delante mío/mía' están cada vez más extendidas en la lengua coloquial y, en algunas áreas, como la rioplatense, son normales entre hablantes cultos”. ¿Qué significa esto? Que, más temprano que tarde, esas formas expresivas serán consideradas –como corresponde–en el Diccionario, tal como lo he sugerido». (20 de abril del 2024)

 

"COLOR DE HORMIGA"

¿Sabían, amigos, por qué, popularmente, se dice «La situación se ha puesto "color de hormiga"»? ¿Por qué, precisamente, "color de hormiga"? Es, según tengo entendido, una frase usada, sabe Dios desde cuándo, especialmente en nuestro país, en México y también en España. La doctora Martha Hildebrandt, nuestra inolvidable lingüista, tenía (como se lee en la imagen del pie) una opinión al respecto, de la que -tengo que decirlo- yo discrepo. Ella creía (y es lo que se puede leer en el pequeño espacio que tenía en el diario El Comercio) que lo de «color de hormiga» es una alusión al color negro del insecto, porque -decía-, desde tiempos remotos, este color ha sido usualmente asociado a desgracias e infortunio. 

No es así, realmente. A lo que la frase alude es, más bien, al rojo, que es, dicho sea de paso, el color con que mayormente es identificada la hormiga; su color, digamos, representativo (aunque, como sabemos, también las hay marrones, amarillas y, claro, negras). 

¿Y por qué el rojo? Porque es un color que casi siempre es asociado, simbólicamente, al fuego, a lo que es ardiente. En tal sentido, la afirmación de que algo está o se ha puesto "color de hormiga" equivale a decir -como, en efecto, también se dice coloquialmente- que "la cosa está que arde", "se ha puesto picante", "está candente" o, en algún modo, es una "papa caliente". Si se estuviese haciendo referencia a una discusión, lo que se trataría de decir con esta frase es que los ánimos han llegado a caldearse y que, por la gravedad de los desacuerdos y la exaltación de los ánimos, existe el riesgo de que los contendores puedan "irse a las manos" (se enfrenten físicamente: a trompadas). También, cuando hay un hecho político, por ejemplo (como estas elecciones, en el Perú), que nos preocupa sobremanera y quisiéramos que se resuelva favorablemente y en calma y, sin embargo, hay sospechas de que el desenlace podría ser adverso a nuestras expectativas o, simplemente, resulta imposible de adivinar. Un estado de extrema excitación, aquello que, por complicado, está convirtiéndose en impredecible, rojo o enrojecido: color de hormiga, pues. 

Y nada tiene que ver con lo negro, que –en todo caso–, en el uso, vendría a ser una suerte de metáfora de lo fúnebre, de lo tenebroso, y no del nivel de tensión o dificultad a que puede arribar una situación. 

¿Ustedes que opinan, amigos queridos? 

© Bernardo Rafael Álvarez