Afirmo: "Considerando en frío, imparcialmente" (Vallejo dixit), la libertad de las lenguas solo está sometida a la voluntad de los hablantes; no de gobiernos ni academias. (Bernardo Rafael Álvarez)
domingo, 4 de febrero de 2018
"OCCISO"
jueves, 14 de septiembre de 2017
¿HABLAR COMO SE ESCRIBE?
Tal vez siguiendo el consejo del crítico francés
Charles Augustin Sainte-Beuve, Manuel González Prada en algún modo puso en
práctica e insinuaba como receta el "escribir como se habla". De allí
que en sus discursos encontremos expresiones como estas: "s'escurre",
"espresión", "estrae", "multicoloras",
"surjieron" "L'acritud", etc. Probablemente muchos
consideren que era una propuesta ambiciosa y tal vez justa; yo, en cambio, creo
(disculpen la imprudencia) que solo se trataba de una simpática travesura anarquista.
¿Hubo quienes siguieron el consejo del autor de "Pájinas libres"? Sí (o parece que sí). Claro, pero, curiosamente, solo para graficar literalmente (con letras, quiero decir), el modo de hablar de gentes de niveles digamos "socialmente bajos", de gente humilde (especialmente, gente del campo). A manera de ejemplo, expongo aquí apenas un par de casos: Ciro Alegría en Los perros hambrientos y Antonio Gálvez Ronceros en Monólogo desde las tinieblas.
Del escritor huamachuquino me permito transcribir lo siguiente:
"Que se llaman así, PUE hay una historia, YESTA es QUIUNA viejita tenía dos perros: el uno se llamaba GÜESO y el otro Pellejo. Y JUE QUIUNDÍA la vieja salió e su casa con los perros, YENTÓN llegó un ladrón y se metió bajo e la cama. GOLVIÓ la señora PO la noche y se puso a acostarse. El ladrón TABA calladito AY esperando QUELLA se durmiera PA AUGALA SILENCITO...".
Del narrador chinchano, esto:
"Como
les habían cobrado un sol por cada planta de yuca, una de las negras empezó a
quejarse:
-Cómo ETÁN LO tiempo… ¡A SÓ cada planta E yuca!
Y mirando el cielo agregó:
-Y con ETE
SÓ.
Como en ese
instante su burra se desvió del camino, demandó colérica:
-¡Só, BORICA!
Enderezó al
animal y prosiguió la marcha.
La otra anduvo largo trecho pensativa. Al cabo habló en tono de sentencia:
-En ETA vida hay TRE CLASE DE SÓ: SÓ de PRATA, SÓ de cielo y SÓ de BORICA."
Las siguientes preguntas surgen espontáneas: ¿Solo
la gente "inculta" habla así, de este modo "atípico", es
decir, de modo distinto a como se escribe? ¿Los cultos, en cambio, sí son
respetuosos de las formas escriturales y hay correspondencia entre su hablar y
su escribir? ¿Un abogado o un juez, por ejemplo, al Hábeas Corpus le
dicen exactamente como aparece escrito, y no pronuncian, más bien, "habias
corpus"? ¿Cuando leemos una frase como esta: "No sé qué vine a
hacer aquí", la pronunciamos tal como está escrita -"no sé
qué-vine-a-hacer-aquí"-, o es que oralmente lo que decimos es esto
"No sé qué vinihacer aquí"? ¿Respecto del verbo
"delinear", decimos "de-li-ne-e-mos" o "deliniemos"?
¿Quién dice, realmente, "crema vol-te-a-da" y no "crema voltiada"?
¿Decimos, acaso, "vol-te-e-mos la página", o "voltiemos la
página"?
Salvo González Prada, que tuvo la osadía o, más precisamente, la interesante e imaginativa "desvergüenza" de "escribir como hablaba" él mismo y no otro, la verdad es que los demás escritores, según he podido constatar, son extremadamente refinados con lo que es suyo, pero se muestran sueltos de huesos cuando de lo que se trata es de "transcribir" lo que sería el habla de los demás, sobre todo de la gente "inculta", de los humildes (ya puse un par de ejemplos); obviamente, se debe a que entienden que aquellas personas hablan "mal" y que eso sí merece ser resaltado por pintoresco. “Equidad” injusta, pues, ¿no es cierto?, ¿o me equivoco?
Termino: ¿Escribir como se habla, o hablar como se
escribe? No lo sé, pero estoy seguro de que quienes dicen (mejor dicho,
decimos) “habias corpus” "No sé qué vinihacer aquí",
"deliniemos", “crema voltiada", "voltiemos la
página", etc., no cometen (no cometemos) ninguna impropiedad. La escritura
trata de ser (no lo es, en realidad) la expresión grafica del habla, solo eso;
pero, casi siempre, nuestra oralidad no coincide exactamente con lo que escribimos (y no tiene, necesariamente, que coincidir).
miércoles, 13 de septiembre de 2017
¿LOS PERROS LADRAN, SANCHO?
¿Quién no ha
escuchado y repetido aquella tan famosa frase que, con algunas variaciones,
dice: "Los perros ladran, Sancho; es señal que avanzamos (o
cabalgamos)"? Prácticamente todos (yo la conocí cuando comenzaba la
secundaria). Y lo hacemos no solo para estimularnos o estimular a algún amigo
frente a las críticas de los demás, sino como una demostración de que somos
"gente leída" (o sea, cultos) y por ello casi siempre remarcamos:
"Como dijo el Quijote:...".
Pero la verdad es
que esa frase nunca fue dicha, durante sus alucinantes andanzas, por el
ingenioso hidalgo que inventó don Miguel de Cervantes Saavedra, es decir, no
aparece en ningún renglón de su valiosísima novela; se trata, pues, de una
frase que inexplicablemente se la atribuyó al personaje nacido de la
imaginación del escritor español: en otras palabras, es una frase
apócrifa.
La expresión
popular que sí tiene su origen (digamos, documentado) en la novela cervantina
es aquella de "no le busques tres pies al gato"; en el capítulo XXII
de la primera parte, encontramos esto: "Váyase vuestra merced, señor,
Norabuena su camino adelante, y enderécese ese bacín que trae en la cabeza,
y no ande buscando tres pies al gato".
Pero si de perros se trata, aquí hay otra frase, que también es cervantina,
pero que -como respecto de la anterior- a nadie se le ocurre otorgarle los
créditos al gran "manco de Lepanto"-; la encontramos en el
Capítulo XXXII: "¡A otro perro con ese hueso! -respondió el
ventero-".
Bueno, ¿y cómo y cuándo comenzó a ser aceptada por la gente como frase
cervantina, aquella de "los perros ladran"? Imposible saberlo. Sin
embargo, es altamente probable la hipótesis según la cual se trataría, más bien, de una
derivación de lo que escribió Johann Wolfgang von Goethe -el autor de "Fausto"-
en uno de sus poemas, de 1808, titulado "Ladrador". Leamos la aludida
frase del poema: "Pero sus estridentes ladridos, sólo son señal de que
cabalgamos".
¿No les parece razonable y nada descabellada la hipótesis?
Yo creo que sí, que es razonable; y por ello me atrevo a dar este imprudente
consejo a los leídos lectores: Digan, mejor, que si los perros ladran es porque
vamos avanzando en trote, como lo insinuó el gran Goethe.
Aquí el poema del alemán, en español:
LADRADOR
En busca de fortuna y de placeres
Más siempre atrás nos ladran,
Ladran con fuerza…
Quisieran los perros del potrero
Por siempre acompañarnos
Pero sus estridentes ladridos
Sólo son señal de que cabalgamos.
Y aquí en alemán:
KLÄFFER
Wir reiten in die Kreuz und Quer
Nach Freuden und Geschäften;
Doch immer kläfft es hinterher
Und billt aus allen Kräften.
So will der Spitz aus unserm Stall
Uns immerfort begleiten,
Und seines Bellens lauter Schall
Beweist nur, daß wir reiten.
domingo, 23 de abril de 2017
¿JERMA O JERMU?
BOLUDO Y PELOTUDO
Para comenzar es notoria la incongruencia entre la referencia histórica que hace acerca del uso de las "bolas" o "pelotas" de piedra en las "Guerras de la Independencia" argentina, y el significado con que usó una de esas expresiones un diputado en 1890. Veamos. Cuenta que "los pelotudos, haciendo gala de una admirable valentía" (...) les pegaban a los caballos (de los españoles) en el pecho, que de esta manera rodaban y desmontaban al jinete y provocaban la caída de los que venían atrás", y enseguida los lanceros terminaban pinchando a los enemigos. Es decir, el empleo de esas "armas pétreas" era sumamente eficaz, pues quienes las usaban salían airosos. Sin embargo, más abajo el artículo dice que un diputado ("allá por la década del ’90) afirmó que "no había que ser pelotudo en referencia a que no había que ir al frente y hacerse matar". ¿En qué quedamos? ¿Los "pelotudos" (que llevaban las pelotas de piedra en la batalla) "con admirable valentía" lograban su objetivo de desmontar a los jinetes enemigos para que seguidamente los lanceros los eliminen, o es que iban al frente para "hacerse matar"? Me parece absurdo e incoherente.
Bien. Lo único rescatable de la nota del argentino sería la explicación que da sobre el origen de la palabras "boludo" y "pelotudo" pero solo en cuanto a su construcción o más, concretamente, su derivación de bola y pelota; mas no respecto del significado que ahora tienen (aparentemente desde 1890, por el uso que hizo el diputado aludido), que es "necio o estúpido".
¿Por qué digo esto? Porque decir "boludo" o "pelotudo" en el sentido de necio o estúpido, nada tiene que ver, en realidad, con las pelotas de piedra grande o las boleadoras o bolas que usaban -en las guerras de la Independencia argentina- los "pelotudos" y "boludos", respectivamente. ¿Saben por qué? Porque, en primer lugar, estas expresiones de origen argentino asignadas ahora, repito, a los necios o estúpidos, corresponden al tipo de palabras que para muchos oídos resultan "malsonantes", puesto que (y aquí va el "segundo lugar" de mi explicación) "pelotas" y "bolas", en este caso, traen a la mente la alusión a los "huevos" como sinónimo vulgar, grotesco, soez o atrevido de "testículos", y que en el Perú, por ejemplo, da lugar a que a la persona lerda, estúpida, "caída del palto", se le llama "huevón".
En conclusión: ser pelotudo o boludo, es ser "huevón" (al que, además, se le dice a veces, a manera de pregunta insolente: "¿Acaso te pesan las bolas?"). Con la significación que nosotros conocemos ahora, y los argentinos también, "boludo" y "pelotudo" tienen que ver con las "bolas de carne" (testículos) y no con las de piedra, de la época de la Independencia "gaucha".
El artículo que aparece en la página "buenavibra.es", en consecuencia, no aporta casi nada interesante, en verdad.




