domingo, 4 de febrero de 2018

"OCCISO"


El domingo pasado fue hallado, en el río Rímac, el cadáver de un joven; según informaron los medios, presentaba un impacto de bala en la cabeza y, según se cree, habría sido asesinado por una banda de asaltantes. La información dada por el diario Perú21 concluye así "el occiso ya ha sido derivado a la Morgue Central de Lima".


Bien. La reseña que he hecho tiene un propósito: hablar (porque me lo sugirió un amigo) sobre un adjetivo que con una lamentablemente apretada frecuencia se menciona en los medios durante estos últimos tiempos, en nuestro país (debido a crímenes y accidentes): "occiso".


¿Qué significa "occiso"? Aunque se usa más como sustantivo, es un adjetivo que -considerando cómo ha sido empleado por el diario que mencioné- es fácil darse cuenta que hace referencia directa a una persona muerta. Porque nunca nadie, estando vivo, puede ser llamado occiso. Todos los occisos son muertos. ¿Quedó claro? Imagino que sí, pero debo advertir que no está dicho todo.


Como ya lo dije, todos los occisos son muertos. En esto no hay lugar a discusión. Pero vale esta pregunta: ¿todos los muertos son occisos? La respuesta es no. ¿Por qué?


Veamos. En este mundo, todos los que mueren no son, digamos, víctimas de la misma causa; hay distintas causas de muerte: edad (culminación del ciclo de vida); enfermedad; accidente; homicidio; suicidio...


La persona que muere por razones de edad, es decir, cuando ha culminado su ciclo de vida (nacer, crecer, morir), no es un occiso; quien muere a causa de una enfermedad, tampoco. Es occiso el que muere violentamente (muerte violenta, según el Diccionario de la Lengua Española: "muerte consecutiva a un traumatismo fortuito o la que se ejecuta privando de la vida a alguien intencionadamente."). Quien es víctima de un accidente o un homicidio, o se quitó la vida voluntariamente, es eso: un occiso .


Esta palabrita que, además de aparecer en los diarios es pronunciada por los locutores de radios o televisión, con mucha frecuencia en estos tiempos, debido a casi cotidianos hechos de violencia o siniestros, y es empleada también por abogados, jueces, fiscales y policías, tiene su origen en el latín "occīsus", que es el participio pasado de "occidĕre", que significa matar; y la acepción que encontramos en el Diccionario es "Muerto violentamente".


O sea, pues, no vaya a meter la pata llamando "occiso" a su vecino que dejó de existir tras una penosa enfermedad, o a su abuelito que se murió "de viejito".

jueves, 14 de septiembre de 2017

¿HABLAR COMO SE ESCRIBE?

Tal vez siguiendo el consejo del crítico francés Charles Augustin Sainte-Beuve, Manuel González Prada en algún modo puso en práctica e insinuaba como receta el "escribir como se habla". De allí que en sus discursos encontremos expresiones como estas: "s'escurre", "espresión", "estrae", "multicoloras", "surjieron" "L'acritud", etc. Probablemente muchos consideren que era una propuesta ambiciosa y tal vez justa; yo, en cambio, creo (disculpen la imprudencia) que solo se trataba de una simpática travesura anarquista.

¿Hubo quienes siguieron el consejo del autor de "Pájinas libres"? Sí (o parece que sí). Claro, pero, curiosamente, solo para graficar literalmente (con letras, quiero decir), el modo de hablar de gentes de niveles digamos "socialmente bajos", de gente humilde (especialmente, gente del campo). A manera de ejemplo, expongo aquí apenas un par de casos: Ciro Alegría en Los perros hambrientos y Antonio Gálvez Ronceros en Monólogo desde las tinieblas.

Del escritor huamachuquino me permito transcribir lo siguiente: 

 

"Que se llaman así, PUE hay una historia, YESTA es QUIUNA viejita tenía dos perros: el uno se llamaba GÜESO y el otro Pellejo. Y JUE QUIUNDÍA la vieja salió e su casa con los perros, YENTÓN llegó un ladrón y se metió bajo e la cama. GOLVIÓ la señora PO la noche y se puso a acostarse. El ladrón TABA calladito AY esperando QUELLA se durmiera PA AUGALA SILENCITO...". 

Del narrador chinchano, esto: 

 

"Como les habían cobrado un sol por cada planta de yuca, una de las negras empezó a quejarse:
-Cómo ETÁN LO tiempo… ¡A SÓ cada planta E yuca!
Y mirando el cielo agregó:

-Y con ETE SÓ.

Como en ese instante su burra se desvió del camino, demandó colérica:
-¡Só, BORICA!

Enderezó al animal y prosiguió la marcha.
La otra anduvo largo trecho pensativa. Al cabo habló en tono de sentencia:
-En ETA vida hay TRE CLASE DE SÓ: SÓ de PRATA, SÓ de cielo y SÓ de BORICA
." 

Las siguientes preguntas surgen espontáneas: ¿Solo la gente "inculta" habla así, de este modo "atípico", es decir, de modo distinto a como se escribe? ¿Los cultos, en cambio, sí son respetuosos de las formas escriturales y hay correspondencia entre su hablar y su escribir? ¿Un abogado o un juez, por ejemplo, al Hábeas Corpus le dicen exactamente como aparece escrito, y no pronuncian, más bien, "habias corpus"? ¿Cuando leemos una frase como esta: "No sé qué vine a hacer aquí", la pronunciamos tal como está escrita -"no sé qué-vine-a-hacer-aquí"-, o es que oralmente lo que decimos es esto "No sé qué vinihacer aquí"? ¿Respecto del verbo "delinear", decimos "de-li-ne-e-mos" o "deliniemos"? ¿Quién dice, realmente, "crema vol-te-a-da" y no "crema voltiada"? ¿Decimos, acaso, "vol-te-e-mos la página", o "voltiemos la página"? 

Salvo González Prada, que tuvo la osadía o, más precisamente, la interesante e imaginativa "desvergüenza" de "escribir como hablaba" él mismo y no otro, la verdad es que los demás escritores, según he podido constatar, son extremadamente refinados con lo que es suyo, pero se muestran sueltos de huesos cuando de lo que se trata es de "transcribir" lo que sería el habla de los demás, sobre todo de la gente "inculta", de los humildes (ya puse un par de ejemplos); obviamente, se debe a que entienden que aquellas personas hablan "mal" y que eso sí merece ser resaltado por pintoresco. “Equidad” injusta, pues, ¿no es cierto?, ¿o me equivoco? 

Termino: ¿Escribir como se habla, o hablar como se escribe? No lo sé, pero estoy seguro de que quienes dicen (mejor dicho, decimos) “habias corpus” "No sé qué vinihacer aquí", "deliniemos", “crema voltiada", "voltiemos la página", etc., no cometen (no cometemos) ninguna impropiedad. La escritura trata de ser (no lo es, en realidad) la expresión grafica del habla, solo eso; pero, casi siempre, nuestra oralidad no coincide exactamente con lo que escribimos (y no tiene, necesariamente, que coincidir). 

miércoles, 13 de septiembre de 2017

¿LOS PERROS LADRAN, SANCHO?



¿Quién no ha escuchado y repetido aquella tan famosa frase que, con algunas variaciones, dice: "Los perros ladran, Sancho; es señal que avanzamos (o cabalgamos)"? Prácticamente todos (yo la conocí cuando comenzaba la secundaria). Y lo hacemos no solo para estimularnos o estimular a algún amigo frente a las críticas de los demás, sino como una demostración de que somos "gente leída" (o sea, cultos) y por ello casi siempre remarcamos: "Como dijo el Quijote:...".

 

Pero la verdad es que esa frase nunca fue dicha, durante sus alucinantes andanzas, por el ingenioso hidalgo que inventó don Miguel de Cervantes Saavedra, es decir, no aparece en ningún renglón de su valiosísima novela; se trata, pues, de una frase que inexplicablemente se la atribuyó al personaje nacido de la imaginación del escritor español: en otras palabras, es una frase apócrifa. 

 

La expresión popular que sí tiene su origen (digamos, documentado) en la novela cervantina es aquella de "no le busques tres pies al gato"; en el capítulo XXII de la primera parte, encontramos esto: "Váyase vuestra merced, señor, Norabuena su camino adelante, y enderécese ese bacín que trae en la cabeza, y no ande buscando tres pies al gato". Pero si de perros se trata, aquí hay otra frase, que también es cervantina, pero que -como respecto de la anterior- a nadie se le ocurre otorgarle los créditos al gran "manco de Lepanto"-; la encontramos en el Capítulo XXXII: "¡A otro perro con ese hueso! -respondió el ventero-".


Bueno, ¿y cómo y cuándo comenzó a ser aceptada por la gente como frase cervantina, aquella de "los perros ladran"? Imposible saberlo. Sin embargo, es altamente probable la hipótesis según la cual se trataría, más bien, de una derivación de lo que escribió Johann Wolfgang von Goethe -el autor de "Fausto"- en uno de sus poemas, de 1808, titulado "Ladrador". Leamos la aludida frase del poema: "Pero sus estridentes ladridos, sólo son señal de que cabalgamos". 


¿No les parece razonable y nada descabellada la hipótesis? 

Yo creo que sí, que es razonable; y por ello me atrevo a dar este imprudente consejo a los leídos lectores: Digan, mejor, que si los perros ladran es porque vamos avanzando en trote, como lo insinuó el gran Goethe.


Aquí el poema del alemán, en español:

 

LADRADOR


En busca de fortuna y de placeres
Más siempre atrás nos ladran,
Ladran con fuerza…
Quisieran los perros del potrero
Por siempre acompañarnos
Pero sus estridentes ladridos
Sólo son señal de que cabalgamos.

 

Y aquí en alemán:

 

 

KLÄFFER


Wir reiten in die Kreuz und Quer
Nach Freuden und Geschäften;
Doch immer kläfft es hinterher
Und billt aus allen Kräften.
So will der Spitz aus unserm Stall
Uns immerfort begleiten,
Und seines Bellens lauter Schall
Beweist nur, daß wir reiten.

 

 

domingo, 23 de abril de 2017

¿JERMA O JERMU?

Un amigo lingüista de La Católica me hizo este comentario: "No está bien lo que se hace en nuestro país: decir "jerma", para referirse a la mujer; lo que debiera decirse es -como dicen en Argentina- "jermu", pues esta es la correcta inversión de la palabra". Yo le contesté, sin mayor explicación, que, efectivamente, estaba en lo cierto: la inversión correcta de la palabra mujer es "jermu" y no "jerma". No sé si quedó contento o al menos satisfecho. Pero, bueno, aquí pasaré a dar la explicación que creo es pertinente. 

En el habla popular es muy común el empleo de la jerga o la replana, generalmente como un ejercicio de "economía expresiva" y a veces con propósitos crípticos; lo primero, porque estas expresiones "vulgares" suelen ser muy breves, y lo segundo pues se busca que no todos sepan de qué se está hablando, a qué se alude. 

Hay, entre otros, dos procedimientos en la "invención" de los vocablos "replanescos" o la jerga: una, por analogía fonética (chaufa, para decir chao; zanahoria, por sano; mozaico, por mozo); y dos, por metátesis, o alteración en la ubicación de las sílabas que casi siempre implica inversión de la palabra (lleca, por calle; ñoba, por baño; choborra, por borracho). 

La que ocurre con "jermu", en Argentina, es precisamente esto último: por metátesis, la palabra "mujer" se convirtió, al alterarse la posición de sus sílabas, en "jermu"; es decir, mujer al revés (o en "vesre"). Y, ahora, ¿qué pasó en el Perú?, ¿de dónde salió la "a" final que acabó sacando de su lugar a la "u"? Pues por lo siguiente. Una de las características del signo lingüístico es la arbitrariedad (no hay una ley digamos natural o de otra índole que obligue a que las palabras se construyan de tal o cual manera o que tengan determinado significado; esto solo responde a la voluntad de los hablantes); y por esta arbitrariedad ocurrió que los argentinos solo procedieron a invertir la palabra "mujer" sin alterar nada más, convirtiéndola en "jermu", y los peruanos, en cambio, preferimos poner la "a" al final en lugar de la "u", para lograr que se mantenga lo "femenino" de la palabra generada por metátesis: "jerma". (Hasta se dan casos -en cuanto a analogía fonética- medio "descabellados", pero también legítimos: "cayetano" por "calle", en que la "y" reemplaza al dígrafo "ll"). 

Por lo comentado, resulta absurdo decir que haber convertido en el habla popular peruana la palabra "mujer" en "jerma" está mal o es incorrecto, y que lo hecho en Argentina sí está bien. No. Ambas formas son correctas. En temas de lenguaje, en asuntos del habla, no tienen que cumplirse las leyes de la matemática como esta que dice "el orden de los factores no altera el producto", pues al cambiar el orden de produce una alteración de las formas en casos como estos de que estoy hablando; sin embargo el resultado -su significado- siempre será válido y aceptado porque "así lo quiere el uso, árbitro, juez y dueño en cuestiones de lengua" (Horacio, poeta latino). 

BOLUDO Y PELOTUDO

Me parece completamente inconsistente la explicación que da el autor del artículo (Un poco de historia: de dónde provienen las palabras“boludo” y “pelotudo”).

Para comenzar es notoria la incongruencia entre la referencia histórica que hace acerca del uso de las "bolas" o "pelotas" de piedra en las "Guerras de la Independencia" argentina, y el significado con que usó una de esas expresiones un diputado en 1890. Veamos. Cuenta que "los pelotudos, haciendo gala de una admirable valentía" (...) les pegaban a los caballos (de los españoles) en el pecho, que de esta manera rodaban y desmontaban al jinete y provocaban la caída de los que venían atrás", y enseguida los lanceros terminaban pinchando a los enemigos. Es decir, el empleo de esas "armas pétreas" era sumamente eficaz, pues quienes las usaban salían airosos. Sin embargo, más abajo el artículo dice que un diputado ("allá por la década del ’90) afirmó que "no había que ser pelotudo en referencia a que no había que ir al frente y hacerse matar". ¿En qué quedamos? ¿Los "pelotudos" (que llevaban las pelotas de piedra en la batalla) "con admirable valentía" lograban su objetivo de desmontar a los jinetes enemigos para que seguidamente los lanceros los eliminen, o es que iban al frente para "hacerse matar"? Me parece absurdo e incoherente.

Bien. Lo único rescatable de la nota del argentino sería la explicación que da sobre el origen de la palabras "boludo" y "pelotudo" pero solo en cuanto a su construcción o más, concretamente, su derivación de bola y pelota; mas no respecto del significado que ahora tienen (aparentemente desde 1890, por el uso que hizo el diputado aludido), que es "necio o estúpido".

¿Por qué digo esto? Porque decir "boludo" o "pelotudo" en el sentido de necio o estúpido, nada tiene que ver, en realidad, con las pelotas de piedra grande o las boleadoras o bolas que usaban -en las guerras de la Independencia argentina- los "pelotudos" y "boludos", respectivamente. ¿Saben por qué? Porque, en primer lugar, estas expresiones de origen argentino asignadas ahora, repito, a los necios o estúpidos, corresponden al tipo de palabras que para muchos oídos resultan "malsonantes", puesto que (y aquí va el "segundo lugar" de mi explicación) "pelotas" y "bolas", en este caso, traen a la mente la alusión a los "huevos" como sinónimo vulgar, grotesco, soez o atrevido de "testículos", y que en el Perú, por ejemplo, da lugar a que a la persona lerda, estúpida, "caída del palto", se le llama "huevón".

En conclusión: ser pelotudo o boludo, es ser "huevón" (al que, además, se le dice a veces, a manera de pregunta insolente: "¿Acaso te pesan las bolas?"). Con la significación que nosotros conocemos ahora, y los argentinos también, "boludo" y "pelotudo" tienen que ver con las "bolas de carne" (testículos) y no con las de piedra, de la época de la Independencia "gaucha".

El artículo que aparece en la página "buenavibra.es", en consecuencia, no aporta casi nada interesante, en verdad. 




¿TIRANTES? ¡LOS DE ANTES!


Un amigo me pidió un comentario acerca de los tirantes del puente "Solidaridad". Aquí lo poco que pude decir al respecto:


"Ah, claro: los tirantes. Que, por cierto, nada tienen que ver con aquellas cintas que servían para sostener de los hombros los pantalones de nuestros abuelos y que algunos jóvenes tratan de volver a poner en moda. Pero, sí, los tirantes que se usa en Ingeniería Civil también sirven para sostener: Son cables gruesos, generalmente de metal que en puentes como el llamado "Solidaridad" (y también en el "Rayitos de sol", del centro de Lima) sujetados a una columna sirven para ayudar a mantener la horizontalidad del tablero del puente (es decir, la vía por la que se camina o por la que discurren los vehículos); pero no precisamente para preservar la verticalidad de la columna o pilar, ya que esta condición -la del pilar- se asegura con el grado de profundidad del hoyo en que está "clavada" y del correcto uso de la plomada por parte de sus constructores (en lo que sí sirvan para mantener la verticalidad, es -como todos hemos visto- en las elevadas antenas de radio que existen en diversos puntos de la ciudad). Cuando el suelo en que se apoya el extremo del puente que cruza un río se desmorona y cede por efecto de la humedad (como pasó con el puente "Solidaridad") y los tirantes no tienen la suficiente resistencia, lo que ocurre es, simplemente, que el puente, por ese extremo, cae; esto es lo que ocurrió con el puente desplomado del que todo el mundo no dejó de hablar durante toda una semana (como ocurre siempre, pues: una semana es la duración promedio del entretenimiento indignado -diálogos, chistes, cuestionamientos, insultos, maldiciones, condenas, indignación ante los diarios colgados con ganchitos de ropa en los quioscos- por cada hecho, digamos escandaloso, que acontece en nuestro país, hasta que luego viene la calma y la ansiosa espera de una nueva noticia, para el desborde catártico). 🌝 :)

miércoles, 5 de abril de 2017

RETROCESO OPROBIOSO Y ABERRANTE (Desprotección a la comunidad LGTB)

El Artículo 46° del Código Penal, antes de ser modificado, señalaba como circunstancias agravantes del delito: "ejecutar el delito bajo móviles de intolerancia o discriminación DE CUALQUIER ÍNDOLE". El Decreto Legislativo 1323 hace que ese artículo deje de ser genérico, y establece precisiones puntuales; ya no alude a móviles "de cualquier índole" sino, más bien, los indica con nombre propio: "origen, raza, religión, sexo, ORIENTACIÓN SEXUAL, IDENTIDAD DE GÉNERO, factor genético, filiación, edad, discapacidad, idioma, identidad étnica y cultural, indumentaria, opinión, condición económica, o de cualquier otra índole". La derogatoria del Art. 1° del Decreto Legislativo 1323 y la consiguiente restitución de la vigencia del literal d) del numeral 2 del artículo 46 del Código Penal resulta, en mi opinión, algo inocuo. Por qué: porque señalar entre las circunstancias agravantes del delito, por ejemplo, el tema de la "orientación sexual o de identidad de género" es solo una precisión digamos "para que no queden dudas", puesto que hablar de móviles de intolerancia o discriminación "de cualquier índole" involucra a todos, incluidos los que he puesto en mayúsculas. En cambio, el asunto que me parece lamentable e inadmisible es el que encontramos en la pretendida restitución de la vigencia del Artículo 323 del Código Penal, con eliminación de su modificatoria por parte del Decreto Legislativo en cuestión. El Código Penal consideraba como delito la discriminación o la incitación o promoción en forma pública de los actos discriminatorios basados en motivos de distinta índole sin considerar entre estos los referidos a ORIENTACIÓN SEXUAL e IDENTIDAD DE GÉNERO; el Decreto Legislativo que lo modificó, en cambio, sí los incluye. Pero con el proyecto de ley ahora aprobado por la Comisión de Constitución se volvería al estado anterior, lo cual nos hace pensar, simple y llanamente, que quienes lo han promovido quieren que la legislación penal peruana siga condenando la discriminación por motivos de carácter racial, religioso, sexual, de factor genético, filiación, edad, discapacidad, idioma, identidad étnica y cultural, indumentaria, opinión política o de cualquier índole, o condición económica (lo cual está bien), pero al mismo tiempo buscan que sea admitida o tolerada la discriminación cuando esta se base en motivos de ORIENTACIÓN SEXUAL o de IDENTIDAD DE GÉNERO pues según lo que proponen esto ya no será delito. Es decir, si finalmente se aprobara el proyecto de ley de marras, legalmente todas las personas deberán merecer respeto y aceptación, y no ser de ningún modo discriminadas, pero no las personas homosexuales (en otras palabras, discriminar por razones de orientación sexual o de identidad de género sí será válido). El proyecto de ley promovido por los fujimoristas es un retroceso oprobioso y aberrante.