Afirmo: "Considerando en frío, imparcialmente" (Vallejo dixit), la libertad de las lenguas solo está sometida a la voluntad de los hablantes; no de gobiernos ni academias. (Bernardo Rafael Álvarez)
sábado, 19 de mayo de 2012
¿NOTIFICAR O PUBLICAR?
"LA DEL CULO ANGOSTO"
miércoles, 11 de abril de 2012
APERTURAR
miércoles, 28 de marzo de 2012
HASTA LA REMACETA
El vals citado fue escrito por don Mario Cavagnaro, talentoso compositor arequipeño. Habla de un drama pasional, del sufrimiento de un hombre que es desplazado del corazón de su amada porque aparece en escena un "blanquiñoso" (¿no suena tan actual esto, ahora que se habla mucho de "racismo"?). Empujado por "las heridas del alma", este hombre -el del vals- se entrega a la bebida como una suerte de "bálsamo" y quiere beber y beber, tan desmesuradamente, hasta, prácticamente, "perder la razón". Eso es lo que quiere decir aquella frase final del fragmento transcrito: "hasta la remaceta me quiero poner".
No existe (o, al menos, nosotros no la hemos encontrado) una fuente documental que ayude a explicar el significado de esta curiosa palabra, "remaceta". Pero de lo que estamos seguros es de que se trata de un auténtico peruanismo que, ello no obstante, no llegó a ser registrado en el valioso libro, "Peruanismos", de nuestra lingüista más conocida. Tampoco se encuentra allí la voz popular "maceta" que, como sabemos, es empleada para decir "forzudo", "fornido", "sólido"; pero sí se la encuentra -como es lo justo- convertida en forma de "verbo adjetivado", con esta definición. "En nuestra lengua familiar maceteado equivale a fornido, 'de cuerpo sólido y maciso'" (Martha Hildebrandt. Peruanismos. Jaime Campodónico/editor, 1994); y, así, podemos decir: "este pata está bien maceteado". Pero, como es fácil advertir, no tiene ninguna relación (salvo fonética) con "remaceta".
El único documento en que hemos encontrado esta voz es el breve y pobremente sustentado librito publicado por Lauro Pino en 1968, "Jerga criolla y peruanismos". Allí aparece esto: "Remaceta. Término que se usa en la frase Estar hasta la remaceta. Estar hasta el cien." Y, como señala el autor en otra parte, "estar hasta el cien", bien puede entenderse como "hallarse muy enfermo o en mala situación económica". Sin embargo, "estar hasta la remaceta" no es solo eso; es -como lo dijimos al principio- perder la razón, literalmente o de modo figurado, o excederse extremadamente en algo: te amo o te odio hasta la remaceta, o, repitiendo lo que dijimos ayer respecto de don Marco Aurelio Denegri: "purista hasta la remaceta". Y es por el amor que siente el personaje ficticio (pero dramáticamente real en la vida diaria) de que nos habla el vals, por "la gila más buena moza del callejón", que le pide a su amigo que le acompañe en ese desmedido brindis, porque "hasta la remaceta hoy me quiero poner".
DENEGRI: EN TÉRMINOS DE...
sábado, 24 de marzo de 2012
ELIPSIS
¡ZOTE!
Hace poco (el 14 de marzo, exactamente) un personaje ganó su cuarto de hora de fama con esto que dijo en un artículo periodístico: "Vallejo
fue un maravilloso poeta (...) que influyó de manera negativa en el
subconsciente colectivo de los peruanos". Qué extraordinario: califica de "maravilloso" a nuestro más grande poeta; y, enseguida, le da la miserable patada. ¿Habría que agradecerle, tal vez? Gente como este, al que curiosamente le han dado tribuna en
El Comercio, no creo que merezca ser mencionado, por eso no pongo su nombre (pero, si lo desean, creo que pueden ubicarlo en la Web).
Lo que sí tal vez merecería es, creo, decirle como sana recomendación, que no se meta en cosas de mayores y despedirlo
con una expresión muy vallejiana (que es de Pallasca, también): ¡Zote!
***
Bien. Vayamos al tema:
ZOTE. La Real Academia Española define esta palabra como “ignorante, tardo y
muy torpe en aprender”. Efectivamente, se trata de un adjetivo –con ese
significado-de muy larga data: tiene más de cuatro siglos de antigüedad, y es
empleado así en muchos países. Sin embargo, en Santiago de Chuco -y en
Pallasca, igualmente- tiene otro valor: no es adjetivo, sino una interjección
imperativa muy común que se emplea para rechazar o alejar a alguien,
equivalente a "¡fuera!", "¡lárgate!", "¡zafa!",
"¡vete!" (también, obviamente, se usa para alejar a algún animal: un
perro, por ejemplo). Es, como se ve, una expresión rotunda, eficaz, inapelable.
Nuestro poeta mayor la empleó magistralmente en el poema XVI de Trilce:
"Al aire, fray pasado. Cangrejos, zote!" Aunque en el uso común de
nuestros pueblos, "cangrejos" no es otra cosa que
"sinvergüenzas", en el poema es evidente que asume esa y otra
significación que bien podría estar asociada (como señalan Marco Martos y Elsa
Villanueva, en Las palabras de Trilce -SEGLUSA EDITORES,
1989) a "mirar y remirar el pasado" (nótese la virtual relación que
se presenta con "fray pasado" y el "caminar para atrás" que
se le atribuye al cangrejo). "Cangrejos" tiene en el poema, pues, una
connotación de insulto. No ocurre lo mismo (y en esto discrepo de lo que se
dice libro mencionado) con "zote", que -en el poema vallejiano y en
el uso popular que se le da en Pallasca y Santiago de Chuco no es insulto, ni
menos un insulto “contra el pasado” (es, sí, un rechazo al pasado o, más
concretamente, a los que representan el pasado -los “cangrejos”, en el poema:
“¡cangrejos, lárguense!”). Si se tratara de una expresión ofensiva, la
construcción de la frase, considerando el plural del sustantivo, habría tenido
que ser esta: “Cangrejos zotes” (como se ve, con el adjetivo en
plural: “cangrejos torpes”, “cangrejos ignorantes”). Repito, En el poema XVI
de Trilce la expresión “zote” tan solo se comporta como una
contundente interjección. Ah, y tampoco es cierto que su relación con “zafa”, “fuera”
y “lárgate”, sea fonética; su relación es, más bien y únicamente, de carácter
semántico: en Santiago de Chuco y en Pallasca son sinónimos.
© Bernardo Rafael Álvarez
