jueves, 3 de septiembre de 2015

"AHORA MUCHOS AÑOS"

"AHORA MUCHOS AÑOS". Dice Juan de Arona en su Diccionario de
Peruanismos (Peisa, 1974. Pág. 312): "Y el padre del autor de este libro, encarándose al llegar a una pascana al dueño del rancho, le improvisaba ahora muchos años estas coplas, que pintan gráficamente la condición de un trashumante por el litoral peruano..." ¿Alguien ha escuchado una frase como la copiada aquí al principio y que aparece en el párrafo de nuestro autor? Yo la escuché -hace muchos años- a una señora, cuando me contaba algunas de sus historias familiares: "Ahora muchos años, ocurrió...etc., etc." Bueno, es el equivalente a esto que es común entre nosotros: "Hace muchos años", o "De esto han pasado muchos años". Si no me equivoco esta frase que, como vemos, ya aparece en la segunda mitad del siglo XIX, siguió siendo usada sobre todo por las gentes de "alta sociedad" hasta, digamos, los años cincuenta del siglo XX, quedando minúsculos rezagos hasta unos pocos años después (por eso pude escucharla yo Emoticono smile ). Ahora no se la oye por ninguna parte. Literalmente parece absurda, sin sentido, pero es bastante simpática

¿"CLICHÉS LINGÜÍSTICOS"?

Veo que este pata (Alex, el que busca la "historia perfecta") parece discípulo de don Marco Aurelio Denegri, pero, digamos, en exceso. Algunos (muy pocos) de los clichés que según él deberían ser eliminados son, por ponerles un adjetivo, absurdos. La mayoría son pasables, en realidad y si bien no son producto de la imaginación de quien los usa, lo cierto es que se trata de "frases hechas" que, en buena cuenta, ayudan al emisor a sostener su discurso y, además, no es cierto que adolezcan de un "defecto lingüístico" (¿qué es "defecto lingüístico"?). Pregunto, ¿qué es -por ejemplo- lo deleznable en "brillar con luz propia"? Y yo mismo me respondo: Nada. El problema, si es que podemos llamarlo así, no está -digamos ("digamos", mi cliché J ) en sus "defectos", sino en la frecuencia de su uso; más concretamente: en su abuso.

sábado, 11 de julio de 2015

¿PALABRA VIOLENTA?

La palabra no es violenta, no es sinónimo de violencia. Muchas palabras han sido creadas con propósitos violentos (para la confrontación, para el ataque, incluido el insulto). Y muchas también, teniendo digamos otros propósitos, son empleadas como armas, es decir, violentamente. Pero este uso que puede muy bien ser admitido como legitimo es el que menos efecto genera o, dicho de otro modo, los efectos que genera no son precisamente los buscados; solo -si algo positivo podemos atribuirle- contribuye a una suerte de "ablución" emocional o de la conciencia, en otras palabras, a la catarsis. Pero la palabra no es -estoy convencido- un arma, es, mas bien, una herramienta. Y construye. Comunicarse es construir. Y la palabra -creo que ahora va haciéndose mas evidente- es también hacedora de cambios. La palabra, expresión noble de nuestra esencia humana y no la exudación de nuestra naturaleza animal. Palabra: arcilla del poeta!

"GRIEGO"


El poeta Tulio Mora, en su “muro” del Facebook puso lo siguiente: "Nunca averigüé por qué mi abuela Josefina llamaba griegos a los que daban la contra". Al leer tal cosa recordé que en mi tierra, Pallasca, también nuestras abuelas, empleaban ese término, claro, con sentido y significación distintos a los que le corresponde por su condición de adjetivo gentilicio. Pero ellas no aludían precisamente al "dar la contra" sino a la terquedad de algunas personas -especia
lmente niños-, que "no querían entender razones". Y, en tal sentido, las abuelas (y recuerdo haberlo escuchado en la voz de mi madre, también) decían: "¡Este muchacho es bien griego!". Se trataba en este ejemplo, creo que obviamente, de un niño al que querían "corregirlo" llamándole la atención por alguna falta, resondrándole y, sin duda, dándole consejos que, sin embargo, "le entraban por una oreja y le salían por la otra". "No entender razones" y, ciertamente, el uso curioso del gentilicio que menciono, probablemente, tenía que ver, creo que obviamente, con la asociación digamos por analogía que se hacía con la alusión a una lengua extraña y como tal desconocida que se suponía (con acierto, naturalmente) difícil de entender. Respecto de este tipo de muchachos (que "no entendían razones") se decía, también, "son de rigor"; o sea, que solo con medidas severas podría lograrse que entiendan. (Una precisión conveniente: en realidad, como bien señaló Tulio, los tercos generalmente son también "contreras" -o viceversa- .
Gracias, Tulio, por haber logrado que venga a mi memoria este término ("griego") y su muy particular uso pallasquino. ¡Bacán!

viernes, 19 de junio de 2015

¡HABLA, BATERÍA!

"Batería", en el habla popular y familiar de Lima (de gran parte, según parece, y hasta en un programa de televisión) es, ahora, sinónimo de amigo ("¡Hola, batería!"), de "causita". Su origen, sin embargo, no es ese sinónimo precisamente. Como muchas expresiones -con significado distinto del que inicialmente tuvieron- el uso de "batería" en el sentido que ahora tiene comenzó a darse en los bajos fondos, en el lumpen y más precisamente -intuyo- en los grupos o bandas de delincuentes. Un grupo o banda de individuos "fuera de la ley" comenzó a ser nombrado por sus integrantes como "batería". ¿Por qué "batería"? Obviamente porque quisieron (y se logró) trasladar -por analogía y, por cierto, casi involuntariamente- al campo semántico de esos estratos sociales la primera acepción que tiene el término: "Conjunto de piezas de artillería dispuestas para hacer fuego". Como es fácil entender, una banda de delincuentes es precisamente "un conjunto de piezas dispuestas para... atacar, asaltar, robar...". La primera vez que escuché hablar de "batería" en el sentido al que estoy refiriéndome, fue hace muchos años, cuando un traficante de tierras de la zona de Lima Este, a quien acababa de conocer, me comentó que estaba organizando un "sindicato de desocupados" con el objeto de "gestionar" (léase "exigir" y, más concretamente, "extorsionar") trabajo para sus asociados, recurriendo a empresarios de la construcción. Este individuo decía sentirse seguro de lo que buscaba porque tenía a su favor a "una batería brava". Me mencionó varios nombres, sin duda todos malandrines (uno de los mencionados fue el conocido "loco Aldo"). Pero, se me preguntará, qué tiene que ver grupo o banda con amigo o causita. Bueno, se trata de un asunto de derivación simplemente. Ocurre, por ejemplo, con la ya casi desusada expresión de la jerga peruana "collera", cuyo significado es pandilla o grupo íntimo de amigos (Cf. Lauro Pino: Jerga criolla y peruanismos). Y, como sabemos, collera es eso, el grupo, pero -repito, por derivación-  también es el individuo del grupo: "Juan es mi collera". ¿Estamos de acuerdo? ¡Habla, batería! 😆

jueves, 18 de junio de 2015

¿"NUESTRO" NOVELISTA "MAYOR"?


Alguien, ante una afirmación nuestra, negó que Mario Vargas Llosa fuera nuestro mayor novelista, y otra persona rechazó el que digamos que es "nuestro". Aquí la respuesta que dimos: (Vargas Llosa) Sí es el novelista mayor del Perú. Del Perú; o sea: nuestro. Y el "nuestro", en realidad, no deriva de la perversión del habla oficial, sino de la "perversión" del habla común, del habla popular. Se trata de un pronombre cuyo uso, en casos como el presente, no corresponde precisamente al posesivo, ya que se emplea únicamente para aludir o hacer referencia a quien -como lo somos los demás- es también de nuestro país, pero -por añadidura y a diferencia de los demás- es, digamos, emblemático o representativo, o simplemente más notorio que muchos otros. Podrán decirme que Vargas Llosa no es emblemático. De acuerdo, diremos que no es emblemático. Podrán decirme que no es representativo. De acuerdo, diremos que tampoco es representativo. Pero, ¿podrán decirme que no es notorio, más notorio que muchos otros novelistas peruanos? Y, la verdad, no solo es notorio, sino, también, es un novelista importante, muy importante, al menos hasta ahora. El Premio Nobel no es la copa del "Mundialito de El Porvenir", ¿o sí? El hecho que los sentimientos o las pasiones de algunos o muchos peruanos estimule el rechazo al autor de La Fiesta del Chivo, no hará que deje de ser notorio, no será causal del deterioro de su importancia ni mucho menos que deje de ser peruano. Por eso, insisto, Vargas Llosa es NUESTRO novelista. Generador de simpatías y antipatías (por temas ajenos a la literatura), pero -aun así- nuestro novelista. ¿O no?

NO SOLO EN EL AJEDREZ: ENROCAR.

En nuestro país el uso del término "enrocamiento", obviamente derivado de "enrocar", nada tiene que ver con "enroque", palabra que corresponde al ajedrez. Porque, para nosotros, enrocar no solo es el "movimiento defensivo en que el rey y la torre del mismo bando cambian simultáneamente su posición", o las acciones análogas que en otro terreno suelen practicarse (enroque de ministros, por ejemplo); para nosotros también es colocar rocas en los taludes o vertientes como medida de protección o para lograr más solidez en algún trabajo de ingeniería civil o de suelos, por ejemplo. Es decir, estamos ante un verbo con dos significados: enrocar (de enroque -término ajedrecístico-; y de enrocamiento -colocación de rocas-); Y el uso de este término, por su frecuencia, ya está prácticamente legitimado. Solo falta que la Academia haga lo suyo: incluirla en el DRAE, ya como peruanismo o americanismo (porque, ojo, también en México se usa "enrocamiento" con el mismo significado que le damos nosotros). Ah, y también en España (cuna de nuestro idioma y sede de la ilustre institución matritense -como la llama don Marco Aurelio- el término enrocamiento es usado con acepción distinta a las consideradas por el DRAE. Allí se le ha asignado, además de "enroque", los de "inmovilidad" en el sentido de atornillarse al cargo, de incapacidad de aceptar los cambios (algo así como conservadurismo) y también el de "hacer oídos sordos" a los reclamos. Es que la comunicación de las personas no se da o ,mejor dicho, no tiene por qué darse únicamente cumpliendo las reglas o mandatos de la Academia; es, más bien, la Academia la llamada -caballero nomás- a aceptar, asumiéndolo (en su debido tiempo, claro),como legítimo, el uso y los significados que los pueblos les dan a las palabras, porque sabe y está convencida -como enseñó Horacio, el poeta latino- que es "el uso, árbitro, juez y dueño en cuestiones de lengua".