viernes, 2 de marzo de 2012

LA LENGUA CULLI (O CULLE)

Los Incas,en su afán de expansión, llegaron a lo que hoy es Pallasca. Allí encontraron una lengua extraña, el culli (o culle). Trataron -como solía ocurrir con las conquistas- de imponer su idioma, el quechua, en desmedro del que allí (y en gran parte de la región norte) se hablaba. Poco tiempo después aparecieron los conquistadores españoles. En Cajamarca mataron a Atahualpa quien antes había ordenado la muerte de su hermano Huáscar cuyo cadáver, según teoría razonablemente expuesta por algunos historiadores (especialmente Félix Álvarez Brun) fue arrojado a las aguas del río Tablachaca (antes Andamarca) que corre entre Pallasca y Santiago de Chuco hacia el mar. La imposición más rotunda y contundente, como es obvio, fue la del idioma castellano, desapareciendo prácticamente el quechua -que comenzaba a establecerse allí- y disminuido casi al exterminio el culli. Según fue constatado por lingüistas, la frágil sobrevivencia de esta lengua se dio en algún caserío de la Provincia de Pallasca hasta aproximadamente la década de 1930. En la actualidad solo quedan desperdigadas muy pocas voces que se confunden con el léxico español y los vocablos quechuas que también se emplean, especialmente en los sectores campesinos. Llegó a efectuarse una lista de palabras recolectadas por algunos estudiosos y otras personas, como el obispo Martínez Compañón, el padre Teodoro Meléndez Gonzales y don Fernando Silva Santisteban. Expresiones culli (que aún se emplean en Pallasca) son, por ejemplo, "chúrgape" (grillo), "cungul" (renacuajo). Pero lo particular que podemos encontrar es una pronunciación que no es propia del castellano ni del quechua y que podemos hallarla en voces inglesas como "jam" (mermelada). Así tenemos, en culli: "muganshya" (tizón, madera incandescente pero sin flama, luz tenue) o "Conshyam" (que es un topónimo). La representación gráfica que aquí consigno es, naturalmente, aproximada (creo que la más aproximada que puede haber). Son, como se ve, dicciones realmente bellas de una lengua extinguida cuyo encanto a mí, particularmente, me genera orgullo.


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